Opinión sobre la actualización de la política migratoria cubana / Alejandro

Opinión sobre la actualización de la política migratoria cubana / Alejandro

Opinión

Opinión sobre la actualización de la política migratoria cubana / Alejandro

En Cuba ocurre el fenómeno de que cualquier posicionamiento es interpretado como político en rigor, cuando en realidad muchas veces sólo lo es porque los temas se entrecruzan y no por intencionalidad buscada y pensada por el sujeto, el discursante, etc. Entonces, muchos discursos pueden ser puntas de lanzas no porque los sean implícitamente, sino porque apuntan a lo político con algo que se ha convertido en político. Mi posición quizás sea más metodológica que otra cosa. Como quiera, es muchas cosas a la vez, depende de donde se mire.

Me pregunto en primer lugar, por qué es importante hablar de este tema, a quién importa, la nueva ley a qué responde, supone un cambio de alguna esencia o solo supone cambio accesorio, de ser así respecto a qué, qué implica pensar en la emigración en Cuba, qué mitos están detrás, etc.

Hay un sinfín de ideas entremezcladas que espero aporten un granito de arena más a su interés que a la opinión pública.

En esencia, el control que ejercía emigración y extranjería, se ha desplazado a otras instancias pero sigue sobre sus mismas bases. Se mantiene la autorización del centro de trabajo, de los organismos y ministerios. Ahora entran en juego otros niveles como el propio Ministerio de Trabajo y Seguridad Social, así como el mismo Consejo de Ministros con sus roles ante la aprobación del sujeto. Cuba es un país que no ha estado en una situación “normal” desde hace más de cincuenta años. Esto ha tenido que ver con éxodo paulatino de profesionales, asedio económico, y trasiego de personal tanto nacional como extranjero con fines malintencionados, entre otros elementos. La actual ley regulatoria en cuestiones migratorias tiene que ver con todo esto.

Efectivamente, hay todo un escrutinio de quién va a salir, por qué motivo, cuánto tiempo, a dónde. Para esto se ha implementado un mecanismo que supervisa y debe autorizar a los sujetos desde su propio contexto laboral. Unido a autorizos laborales, se suma el alto costo de una llamada carta blanca o llamado literalmente permiso de salida. Un costo impagable precisamente para el ciudadano que busca la sociedad, ese que anda a pie y vive de su salario. Parece que si se habla entonces de contradicción la cuestión tiene que ver con una osadía nuestra: viajar por x motivo.

Es inteligente referir la ley antes de su salida, pues más que juego limpio es la estrategia de empezar a constatar su impacto en el estado de opinión, en la movilización de proyectos e intenciones desde ahora.

El llamado permiso de salida tiene tres dimensiones, la primera es económica, la segunda es de papeleo, trámites, la tercera es simbólica.

Económicamente queda claro que el precio es insostenible, además, pone a los cubanos en una posición en la que deben pagar prórrogas una vez estando en el exterior cuyos precios tampoco son bajos cuando precisamente el mayor estímulo de la salida del país ha sido mejorar la economía de las familias. Con la ley aún vigente, la entrada del cubano a territorio nacional debe acontecer como máximo, hasta los 11 meses posteriores a su salida. Eso implica que para volver a salir, se debe pasar por el proceso inicial de solicitud. Parece vano hablar de lo engorroso de los trámites a sus diferentes niveles, pero no lo es la mención a las variables subjetivas, predisposiciones, prejuicios y demás factores incluidos en los mismos. Simbólicamente hay un discurso sobre los límites de nuestra autonomía.

Con la nueva ley no van a desaparecer ninguna de estas tres dimensiones. El dinero que ahora no se paga en el permiso, pasa en parte al cobro del pasaporte. Es cierto que ahora no habrá que pagar por concepto de prórroga del permiso de salida en el exterior. Qué bueno, pero quizás sea una manera de no generar absolutamente ningún obstáculo a los cubanos que yacen en el exterior y que pueden llevar a Cuba el dinero que el país necesita. Podemos ver las intenciones, pero esto es válido, Cuba tiene derecho a defenderse, y esto cobra relevancia en un contexto de crisis e incertidumbre económica.

Sin dudas, esta idea del no obstáculo no es algo que tributará casualmente, está pensado. En lo que respecta a los trámites, sólo se ha desplazado el centro de un lugar a otro. Los autorizos están ahora a cargo de otras instancias. Cuando se habla de permisos sujetos a cuestiones de interés público, creo, se denota ambigüedad y entonces el criterio para permitir, aprobar, puede seguir siendo dominado de manera más o menos arbitraria por el que aplica la ley. Cualquier actividad que acontece en cualquier sociedad en cualquier momento histórico puede ser considerada de interés público. No se han cuestionado las bases del llamado permiso de salida, sino buscado la mejor manera de implementarlo, de hacerlo sostenible. Parece que desaparece el término permiso de salida, pero se mantiene todo un trasiego y trámite que equivale a lo mismo.

La ley sin dudas es inteligente, pues en primer lugar no solo se crean las condiciones para que todo cubano que por una u otra razón salga del país cuyos fines principales la mayoría de las veces tienen que ver con cuestiones económicas, no encuentre reparos para regresar y volver junto a su capital. Es inteligente porque al prolongar las posibilidades de estancia del cubano en el exterior a 24 meses sin necesidad de viajar a la isla, ofrece mayores posibilidades de movilidad y actividad al sujeto que busca lograr sus fines. Es inteligente porque se da en un momento en que Cuba necesita a todas voces sostener su economía. Es inteligente porque lleva implícito el discurso de que aunque no lo crean las principales preocupaciones se están pensando y analizando. Estoy seguro de que es inteligente también respecto a alcances que soy incapaz de visualizar. No es que Cuba se abra al extranjero, es que el extranjero es aprovechado por Cuba.

Si bien es cierto de que debe primar un espíritu optimista, estoy casi seguro que el tiempo será cómplice de que seguirán viajando de Cuba al extranjero los mismos que podían desde antes, los que tienen el dinero (las vías para obtener estas cantidades ya es tema de otra polémica), aquellos que tienen poca o ninguna relación con entidades estaduales que restrinjan sus posibilidades de viajar, etc.

Actualmente un trabajador del sector Cuenta Propista, en caso de que hubiera trabajado para el estado con anterioridad, debe presentar carta del último centro de trabajo, pero atendiendo a que este sector va en incremento y que al perecer se consolidará en los próximos años como una fuente posible y permanente de ingresos, será interesante visualizar la proyección de la ley respecto a este sector de la población en definitiva, que con nuevas formas de empleo si bien responde a las necesidades económicas del país, se aleja de las tradicionales formas de control que ejercen centros laborales concretos.

No solo por cuestiones ideológicas sino inherentes al modelo socialista basado en la planificación que se ha concebido en Cuba desde la centralización, cualquier critica a cualquier proceso, ley, dictamen, medida, se convierte no solo en critica a la ley misma, sino a todo el proceso social de manera integral. La situación de Cuba es atípica y por ello las medidas en todos los frentes no pueden ser corrientes. Por supuesto que en ninguna parte del mundo puede haber concesiones a delincuentes, malversadores, pero las leyes migratorias en Cuba deben abandonar un elemento que como crítica es cuestionable porque lo subjetivo no es tangible, pero sin dudas existe el fantasma del desertor, el traidor, el alienado. Durante mucho tiempo este espejismo se ha vuelto una profecía autocumplida por lo engorroso mismo de los trámites migratorios y la condición del cubano en el exterior.

Parece que se avesinan retos entonces para el otorgamiento del pasaporte, en los tiempos de los tramites ahora a cargo de otras instancias. Hasta los gestores de la ley están lejos todavía de visualizar el alcance total de la misma.

Yo no vivo en México, estoy viviendo en México. Por esto quedo sujeto a las implicaciones mismas de esto que le comento. Lo anterior es un comentario que le hago, no algo pensado para la opinión pública que por su heterogeneidad puede dar muestras en algún momento cualquiera, de pretender utilizar estas ideas pensadas más desde lo vivencial que desde el rigor de las leyes, como punta de lanza. Coinciden entonces la opinión de un cubano, pero también la de un joven, la de un profesional, psicólogo, y la de un individuo que ha podido vivir sencillamente otra realidad desde hace casi dos meses. Aristas suficientes para darle enfoques diferentes en función de diferentes intenciones.

Sé que comprenderá entonces por qué no envío mi foto ni mis datos en rigor. Yo estoy sujeto a los destinos de esa realidad que parece repensarse sólo desde la apariencia. Pocos seres humanos en el mundo están tan arraigados a su suelo como los cubanos. El problema de la emigración, de los viajes de los cubanos al exterior no se puede pensar solo en función de los trámites que se deben hacer. Si hay un cuestionamiento es porque es una necesidad.

La salida del cubano al extranjero está atravesada por su situación de vida fundamentalmente. Cuba necesita brazos, cerebros, motivos, infancia, pero las largas filas en las oficinas de emigración están llenas de cerebros, brazos fuertes y jóvenes que son relevo en cualquier sociedad. El análisis de la emigración en Cuba, de los viajes de los cubanos el exterior debe considerar fundamentalmente el problema de la economía cubana, la pirámide invertida, pero no seamos ingenuos, también hay motivos de superación profesional que por cierto no marchan separados de los anteriores, contactos con familia, conocer y ver otras realidades así de sencillo.

Yo le diría a mi país, no hemos hecho nada si ponemos al ser humano en el centro de atención y luego le retiramos lo propiamente humano, sus necesidades de sentir lo diferente, conocer, hacerse de criterios propios que implica el que piensa diferente, la confianza en su discreción, su regreso, y fundamentalmente su autonomía. Muchas veces el que más trabajo pasa para los trámites migratorios en Cuba es el ciudadano de a pie, el que no maneja información clasificada, el padre de familia que vive de su salario.

Cuando se analiza el tema de la emigración en Cuba, estoy seguro que no se piensa tanto en lo burocrático del trámite como en la legitimidad de los motivos del cubano y cómo son asumidos por el gobierno. Si no es así, al menos por la parte cubana por qué el mismo individuo se las ve diferente en el trámite si lo hace por centro de trabajo a si lo realiza a título personal, no solo es en beneficio del centro laboral, sino que la solicitud laboral enviste de legitimidad y confianza al sujeto que puede ser el mismo en un trámite o en otro. No se pueden juzgar a la ligera los motivos y móviles de las personas.

Ya el marxismo nos aleccionó sobre la emergencia de los mismos a partir del contexto de vida. No se puede centripetar a los sujetos porque no puedan centrifugarse, sino porque ciertamente quieran estarlo. En otras palabras, el cubano debe estar en Cuba no porque no pueda estar en otro lugar, sino porque ciertamente desee estar ahí. Ni todo el que se va para no regresar lo hace por divergencia política, ni todo el que se queda está de acuerdo con ella.

Yo soy de la idea de que defender a Cuba no es solo defender un pedazo de tierra concreto, una política, un sistema social, es defender también la idea de que se puede lidiar con los problemas, que se puede ser feliz donde uno nació. Precisamente por ello, como mínimo pienso en lo que se hace. Lástima que muchas veces el sólo hecho de opinar sea interpretado como rebeldía. Si sigue siendo así, entonces me convenzo de que la nueva ley migratoria es sólo un hecho aislado, periférico respecto a lo central: la necesidad de cambiar la mentalidad.

Espero mis modestas opiniones le sirvan al menos para complementar su comprensión. Hay mucho de imprevisible, de posible en esta nueva ley.

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