México: Un País de Maíz

México: Un País de Maíz

El maíz es el grano que más se produce a nivel mundial. Es la base de alimentación de millones de personas y una materia prima esencial para varios sectores económicos como la producción industrial de carne, de alimentos que hoy conocemos como ultraprocesados, así como de productos no alimenticios que contienen principalmente su almidón y aceite.

México es considerado el centro de origen y diversificación del maíz (Zea mays). Su origen, domesticación y dispersión a partir del teocintle (Zea mays, ssp. parviglumis), su ancestro silvestre más directo, datan de hace cerca de 10,000 años. Su distribución brindó seguridad alimentaria a los pueblos de Mesoamérica, y a partir de ella se generó una cultura agrícola y culinaria que incluyó a otras especies alimentarias. Para los mexicanos, los saberes del maíz conllevan además aspectos religiosos, estéticos y de organización económica, política y social.

Actualmente existen más de 300 variedades derivadas de 64 razas de maíces nativos en el territorio mexicano. Millones de familias campesinas lo han producido ininterrumpidamente durante 350 generaciones, por lo que es considerado patrimonio biocultural de las y los mexicanos.

El maíz sigue siendo el cultivo básico para el autoconsumo de comunidades campesinas e indígenas. Junto con la producción de tortilla, su principal forma de consumo, es la base de la alimentación de la mayor parte de la población urbana y semiurbana. No obstante, la industrialización y el mercado global han transformado significativamente las formas en las que se produce y consume el maíz en México.

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El tamaño de la producción mundial del maíz, desde mediados del siglo XX, generó interés de inversionistas que fomentaron la investigación y desarrollo de muchos productos. En los últimos 20 años, esto también ha dado lugar a disputas entre sociedad y corporaciones.

En la década de 1930, el gobierno mexicano emprendió acciones a favor de productores y consumidores para regular los precios de los alimentos ante las variaciones del clima y los mercados, pero también para fomentar la producción interna con el objetivo de disminuir las importaciones y distribuir y vender al consumidor alimentos a precios estables y accesibles.

A lo largo de cinco décadas, el gobierno fundó instituciones como la Compañía Nacional de Subsistencias Populares (CONASUPO), la cual consolidó su infraestructura y equipamiento, con almacenes, camiones, y maquinaria para envasar granos que compraba a pequeños productores y comercializaba a precios accesibles para las empresas transformadoras de alimentos o el consumo familiar.

Bajo esa misma línea se crearon empresas estatales para la investigación y producción de semillas y de fertilizantes: la Productora Nacional de Semillas (PRONASE) y Fertilizantes Mexicanos (FERTIMEX). También se establecieron empresas para extraer y comercializar aceite de las semillas oleaginosas, para molienda de trigo y para la que sería la primera harina de maíz del país, que mantuvo la marca Minsa aún después de convertirse en una empresa privada. Con estas políticas, México logró detener la importación de granos de Estados Unidos (maíz y trigo) y en los años sesenta incluso llegó a exportar maíz. En esta misma década el gobierno diversificó la oferta y producción de CONASUPO para incluir otros productos alimentarios considerados básicos y populares.

La gestión estatal fue afectada en la década de 1970 por una escasez mundial de alimentos, situación aprovechada por algunas empresas trasnacionales productoras de insumos del entonces novedoso modelo Revolución Verde, que incrementaron los precios de plaguicidas y fertilizantes.

Los corporativos norteamericanos transformadores de alimentos y los exportadores de granos (maíz, trigo, arroz, algodón, soya), obtenían créditos de su gobierno para exportar hacia países con déficit de alimentos. Con tales apoyos se intensificó la expansión de esas compañías por el mundo, iniciándose así la modificación de hábitos alimenticios en muchos países, incluido México.

De 1980 a 1982, el Sistema Alimentario Mexicano, creado para sostener la autosuficiencia y producción alimentaria, operó bajo fuertes presiones internacionales para reducir la participación del Estado y abrir paso a la iniciativa privada. A partir de 1982 inició en el país el desmantelamiento de la infraestructura pública y el control del Estado en diversas industrias, incluyendo la alimentaria.

Con la entrada en vigor del Tratado de libre Comercio de América del Norte (TLCAN), en 1994, la producción nacional de alimentos para consumo interno tuvo efectos negativos.

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La entrada indiscriminada de agroindustrias trasnacionales y sus productos ultraprocesados aceleraron el deterioro de la salud alimentaria de la población. Sin embargo, el TLCAN resultó favorable para algunas empresas agroalimentarias mexicanas, que consiguieron acelerar su proceso de transnacionalización. Un ejemplo de esto, es el grupo Maseca (GRUMA), que elabora productos a base de maíz.

Las cifras oficiales sobre producción, importaciones y consumo del maíz en México y sus tendencias respecto de años anteriores hacen pensar en una sobrestimación de la producción. Por ejemplo, para 2006 se reportó una superficie cosechada de 7,294,800 hectáreas, esto es 303,300 hectáreas menos que en 2017. Sin embargo, la producción reportada en 2006 fue de 21,893,200 toneladas. Un incremento que resulta imposible de lograr considerando que el rendimiento promedio nacional reportado para este cultivo, entre 2007 y 2017, oscila entre 2.1 y 2.5 toneladas por hectárea.

Las cifras de la balanza comercial también muestran algunas inconsistencias. Destaca una elevada producción nacional en los últimos dos años 2016 y 2017, lo que representaría una mayor oferta nacional, sin embargo también las importaciones son muy elevadas. El consumo promedio de tortilla en el país es de 84kg per cápita, que requerirían 56 kg de grano para su producción. La población total de México, estimada en 2018 es de 124.7 millones, por lo que para cubrir su consumo de grano como tortilla requeriría 6,972,000 toneladas de grano, una cantidad que por mucho se cubre con la producción nacional de maíz blanco reportada. Aún si el resto del maíz reportado se consumiera en forma de otros platillos, como tamales o pozole, la proporción por habitante seguiría siendo sumamente elevada.

Si bien el consumo en forma de aceite, frituras, cereales para desayuno y productos ultraprocesados también es significativo, esta producción está incluida en la cifra de consumo por la industria del almidón, de 2,743,000 toneladas de maíz amarillo, que se utiliza para muchos de estos productos industrializados. Es necesario un nuevo censo agropecuario que contemple verificación amplia en campo para conocer cifras reales.

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Fuentes:

CONABIO: https://bit.ly/2EAEAFA

FAO: https://bit.ly/2S8eFci septiembre 2018. Nota FAO: Los datos son un agregado que puede incluir datos oficiales, semi-oficiales, estimados o calculados, según informan los países.

Sagarpa-SIAP. Boletín mensual, Balanza disponsibilidad-consumo. Septiembre 2018. https://bit.ly/2Rct8XA

Guzmán, J. Septiembre 2018. Reporte de Investigación: El consumo de alimentos con base en la Encuestra Nacional de Ingresos y Gastos (ENIGH) 2016. Centro de Estudios para el Desarollo Rural y la Soberanía Alimentaria (CEDRSSA), Cámera de Diputados LXIV Legislatura.

INEGI "Encuestra NAcional de Ingresos y Gastos de los Hogares 2016" https://bit.ly/2rlM8nP

 

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