El Bronco gobernador. Una elección en tiempo de guerra

El Bronco gobernador. Una elección en tiempo de guerra

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El Bronco gobernador. Una elección en tiempo de guerra

Jaime Rodríguez, mejor conocido como “El Bronco”, gobernador electo de Nuevo León, ya no descarta la posibilidad de buscar la Presidencia de México en 2018. Recientemente declaró que, de darse las condiciones, estaría dispuesto a “liberar” a todo el País. Desde su perspectiva, aunque con 33 años de servicio en el PRI, los candidatos sin registro representan la insubordinación al orden establecido que nos mal gobierna. 

Su discurso se enmarca en una guerra que ha cancelado los derechos fundamentales a la mayoría de los mexicanos, quienes hoy fácilmente se identifican con el llamado a buscar cada quien por cuenta propia, la reivindicación de lo perdido. La paradoja estriba en que este planteamiento revolucionario, yendo por la vía institucional electoral, termina por legitimar el (des)orden establecido.

Siguiendo el ensayo “Para una crítica a la violencia”, escrito en 1921, del escritor y crítico alemán Walter Benjamin, presentaremos en la segunda parte de este ensayo algunos elementos para el análisis del discurso del personaje “El Bronco”. Tomamos esta pieza porque fue escrita en un contexto de entreguerras atroz, lo cual permitió al autor relacionar el discurso de la legítima violencia con el desamparo popular.

En México, comienza a emerger una camada de políticos “rudos” que encuentran en el hartazgo general la justificación de su existencia.  En el caso del candidato a la gubernatura Jaime Rodríguez, como veremos más adelante, su convocatoria no fue a tomar las armas y luchar, sino a “sacar el carácter” votando por él. En su discurso, el voto encarnaba el máximo potencial de insurrección permitido a las mayorías. Por ello, la suya fue una revuelta institucional, cuyos resultados incoherentes comienzan a estallar.   

Un bronco sin miedo

Aunque toda propaganda electoral consiste en hacer ver al candidato como real, en este caso particular es de distinguir cómo alguien con un récord tan calamitoso pudo ser considerado el héroe político que Nuevo León necesitaba. La hipótesis que seguirá este análisis es que su pasado criminal, perfectamente rastreable, quedó acomodado en un discurso que ensalzaba su actitud “bronca” cuando se trataba de encarar injusticias: “… pero cuando alguien se exagera, cuando alguien trata de hacer un daño a alguien sí me molesta y sale mi casta de bronco[1]”.

El personaje que conocimos en campaña, de hecho, nació de una narrativa violenta, particularmente de los dos atentados que sufrió cuando fuera alcalde del municipio conurbado de García y por la muerte de uno de sus hijos, que el candidato relacionó repetidas veces con el crimen organizado (aunque existe la versión de que el deceso se debió a un accidente automovilístico de volcadura). De esta manera, su discurso de campaña convocó especialmente a las víctimas de la violencia o a todo aquel que se reconociera harto de la “inseguridad”.

En el documental “Un bronco sin miedo” (2014), puede rastrearse la narrativa que convirtió a Jaime Rodríguez en una leyenda. A partir de la sobre exposición de sus atentados, el publicista Memo Rentería sostuvo la versión de que el ex priista es un perseguido político del crimen organizado. Según lo narra el propio protagonista, cuando en 2011 enfrenta el segundo de sus atentados, ordena a su chofer no huir de la refriega y anteponer su camioneta blindada para proteger a sus escoltas. “Haz de cuenta que era como una película”, explica a la cámara, narrando cómo terminó él mismo correteando a sus atacantes porque estos tomaron por presas a unos niños, que luego abandonaron para escapar por una coladera. Cuando en entrevista se le cuestionó sobre la veracidad de estos hechos, el candidato resolvió así la controversia: "Yo estoy diciendo lo que viví, lo que vi... Si me lo creen o no lo creen es pedo de cada quien...[2]".

La fabricación de este guión heroico quedó evidenciada cuando fue confirmado que Rodríguez Calderón había mentido sobre el secuestro de una de sus hijas cuando esta tenía dos años. En el documental referido y en varias entrevistas de campaña aseguró que tras el rapto tuvo que hablar con el líder del Cártel de “Los Zetas”, quien mostró “benevolencia y buen corazón” y regresó a su hija, lo que Jaime terminó considerando como  “una llamada de atención”. En entrevista del 2012, accesible en Youtube, el entonces alcalde García explica que aunque el comando armado entró a su casa, no se llevó a su hija sino que la tenía una comadre, lo cual generó la confusión del secuestro que nunca ocurrió. El mismo Jaime Rodríguez diría en aquella entrevista que su comadre le reclamó al llamarle por teléfono: “¿pos en qué andas metido?”.

Sobre Jaime Rodríguez pesan graves sospechas de vínculos con el narcotráfico, específicamente con el Cártel del Golfo. En cables filtrados por WikiLeaks y publicados por la organización Anonymus[3], fue reportado que su campaña para contender por García recibió financiamiento del crimen organizado. Otro cable relaciona el primero de sus atentados, en el cual su secretario de seguridad es abatido, con la escisión del Cártel del Golfo de su brazo armado Los Zetas. El tercer cable publicado por Anonymus pone en duda el segundo de sus atentados y apunta a que se trata de una estrategia para incrementar su popularidad.  En el último cable, el gobierno de Estados Unidos es informado de que uno de los operadores de la campaña de El Bronco a la gubernatura, su hermano Alex Caleb Rodríguez Calderón[4], fue detenido en enero 2010 por el Ejército y puesto a disposición del Ministerio Público por portación de un arma larga AK 47, conocida como cuerno de chivo, y una escuadra Beretta, que llevaba encintada al momento de su detención. Según este reporte filtrado,  el hermano del candidato ha sido el vínculo con el Cártel que financió en 2009 y en 2015 las campañas de Rodríguez. Así el cable cierra advirtiendo que de ganar la gubernatura, estallará de nuevo la violencia en el estado. 

Pese a que esta información fue publicada en abril de 2015 y replicada por algunos medios de comunicación, como Reporte Índigo, en el clima de confusión que reinó en las campañas políticas, todo señalamiento al pasado criminal de Jaime Rodríguez fue sistemáticamente desvalorado y adjetivado por los 36 mil voluntarios de redes sociales como calumnias de sus adversarios.  Su pasado de 33 años de servicio activo en el Partido Revolucionario Institucional es revisado selectivamente en el documental que lleva su nombre, resaltando por ejemplo que fue elegido líder de la  Confederación Nacional Campesina, pero ocultando las acusaciones de fraude electoral usando esta estructura corporativa del PRI. Tampoco se menciona que siendo legislador federal aprobó la modificación al artículo 27 constitucional para privatizar el ejido, y aprobó también el Tratado de Libre Comercio con Norteamérica, decretos emblemáticos de la política de exterminio del campo mexicano. De robo de tierras fue acusado en su nativo Galeana y en el municipio de García, que gobernó del 2009 al 2012. Yo misma entrevisté a una víctima de estos despojos armados, quien dijo haber sido amenazada directamente por Rodríguez: “te voy a sacar vivo o muerto de ahí”. Durante su campaña fue acusado por su segunda ex esposa de haberla agredido físicamente frente a su hija. Asimismo, circuló un recorte de periódico en donde se reportaba que el entonces diputado federal, Jaime Rodríguez Calderón, con su fotografía como imagen de la nota, había arrastrado a su esposa (la primera) por la plaza municipal de Galeana. Sobre las acusaciones de violencia doméstica, Jaime aseguró en entrevista a Daniel de la Fuente, del Grupo Reforma, “son leyendas”; pero en otras entrevistas se defendió acusando a Ivonne Álvarez, la candidata del PRI, de orquestar toda una campaña de denostación que lastimaba especialmente a su hija, por lo que él no contestaría el señalamiento: “Prefiero perder la elección que causarle más sufrimiento a mi hija”, dijo en entrevista con Jorge Ramos. Luego, a la candidata del PRI le pidió en un debate frente a estudiantes parar esta “depravación” y “limar tu corazón”.

La exposición de este pasado calamitoso nunca mereció explicaciones ni fue desmentido. Estas narrativas autoritarias, sin embargo, fueron capitalizadas por la campaña porque daban coherencia al discurso de “El Bronco”, quien aseguraba que la lucha contra la delincuencia no podría ser dirigida por un “mansito”. “Se necesita una autoridad con mano firme… ah, pero sí tengo mano derecha, mano que se la aplico a quien no se porta bien”[5].   En este sentido, como explica Walter Benjamin, la admiración popular en tiempos de guerra no es a los actos violentos, sino a la voluntad de violencia que estos representan. Su sentido “no es penalizar la infracción a la ley, sino establecer un nuevo derecho” (Benjamin 2001:26). La fuerza de esta idea se encapsuló en el slogan de campaña: “Si ya estás hasta el tronco, vota por el Bronco”.

Rudo pero raza

El carácter iracundo del candidato fue suavizado con un discurso popular, que aprovechó la personalidad ranchera del oriundo del ejido Pablillo, de Galeana, municipio al Sur de Nuevo León.  Walter Benjamin advierte que la violencia ha sido entendida como “la materia prima” de la Historia, como un producto natural, intrínseco al animal humano que encuentra en la agresión una vía legítima para procurarse justicia. La violencia que se utiliza para fines injustos, sin embargo, prosigue Benjamin, es reconocida por el poder establecido como ilegítima y, por lo tanto, merece ser extinguida.

Así, la personalidad autoritaria del Bronco se atajaba eliminando en el discurso la distancia entre el político y el pueblo, llamando casi a todos de “compadre” y salpicando en todo momento de caló norteño sus arengas, montado en su caballo. Además de esto, se procuró condenar en lo general todo acto de violencia que no fuera ejecutado por el propio Estado, en un marco de legalidad instituido. De esta forma, la violencia nunca fue un fin sino un medio legítimo para luchar contra la injusticia. “La crisis nos hizo hacer cosas que en condiciones normales no tendríamos que hacerlo (sic)”[6]. Su película cierra con el estribillo de un tema musical que reza: “Bronco, necesitamos un cabrón como tú”.

El reconocimiento de escenarios de guerra y del pacto de impunidad en el cual operan -casi sin excepción- los gobiernos en el País, paradójicamente, fortalecen su poder al justificar el uso de la violencia contra el enemigo criminal. En el documental, Jaime Rodríguez comenta que cuando fue alcalde de García la gente no le pedía cambiar luminarias ni arreglar plazas, sino combatir a los criminales. En una reunión con uno de sus grupos políticos de base “las broncas emprendedoras” documentado en su película, micrófono en mano pregunta al auditorio: “¿cuál es el principal problema del estado? ¡la inseguridad! ¿cuál? ¡¡la inseguridad!!”[7] contestan gritando las promotoras del candidato, a quienes les regresa una sonrisa, satisfecho.

El discurso de campaña de “El Bronco” cuidó proyectar una identificación selectiva con los “políticos rudos”, en el sentido de tener valor (aguates, decía el candidato) para atreverse a realizar él mismo labores de investigación judicial para dar con los criminales. Según se advierte en el documental, al publicar su teléfono en redes sociales y panorámicos, recibía información y reportes que le ayudaron a “limpiar al municipio”. Esto lo distinguió del discurso todavía más temerario del panista Mauricio Fernández, recientemente elegido por tercera vez alcalde del municipio de San Pedro, quien asegura contar con un equipo de “rudos” (paramilitares) que combaten directamente a las redes criminales. Aunque durante las campañas estos dos políticos “rudos” hicieron pública su animadversión: Mauricio lo acusó de peligroso y Jaime lo llamó “mariguano”, una vez reconocidos sus triunfos, los dos políticos comieron juntos e invitaron a la prensa a tomarles fotografías. 

La rudeza de Jaime Rodríguez, reconocida por propios y extraños, nunca fue estimada como peligrosa  por el propio Estado, ya que en todo momento dijo pretender apoyarse en el Ejército Mexicano para delinear su estrategia de “seguridad” estatal. Esta apuesta institucional, en medio de crímenes de guerra ejecutados por el propio ejército, podría sonar pavorosa, pero más bien fue identificada como una cruzada por conservar el poder instituido en la Constitución y reinstalar la Justicia. De este modo, “El bronco” conservaría el orden legado por la Constitución posrevolucionaria y, por el otro, asumía un papel de vengador de la Justicia. “Justicia es el principio de toda fundación divina de fines; poder, es el principio de toda fundación mítica de derecho” (Benjamin 2001: 40).

La violencia como fundadora de Derecho

De esta forma, nos asomamos a la ambigüedad que Walter Benjamin anotó sobre el concepto de Justicia. La Justicia es un concepto que estructura a las sociedades. Las personas se asocian políticamente para proteger este valor. Su reivindicación ha justificado lo mismo guerras que rebeliones. Es por ello, la Justicia, una palabra que se define poco, revelando de esta forma su carácter ideológico. El grupo que consigue la victoria, por medio de la violencia, funda un nuevo Derecho: funda un nuevo tiempo. En un contexto de guerra, como el mexicano, los derechos constituidos son sistemáticamente violados. De tal suerte que “la tendencia es a frustrar los fines naturales personales en todos los casos para que satisfacerlos sea por medio de la violencia” (Benjamin 2001:26). A partir de ella se funda un nuevo criterio para distinguir la lucha legítima de la ilegítima. Siguiendo el raciocinio de Walter Benjamin, a partir del triunfo revolucionario, todo enfrentamiento hacia el nuevo grupo en el poder será considerado ilegítimo y podrá, por lo tanto, ser combatido aludiendo a la legítima defensa.

Siguiendo el discurso que hizo ganar a “El Bronco”, encontramos en su documental varias alusiones al derecho a la legítima defensa. “Los políticos van a recibir un revés en las próximas elecciones porque siguen haciendo lo mismo que hace enojar al pueblo, haz de cuenta que tú le picas la cresta a un gallo: te pica. Entonces los políticos ya le picaron mucho la cresta al gallo[8]”. Sin embargo, como ya lo hemos anotado, este discurso siempre se insertó dentro de un marco electoral, que no puso en jaque al paradigma del poder autoritario sino al monopolio del bipartidismo.

Así, redujo un complejo problema a una solución concreta, que haría sentir al millón de personas que votaron por él el pasado 7 de Junio, como parte de una revolución pacífica contra la violencia. Esta “insubordinación”, sin embargo, conserva al (nuevo) derecho que opera de facto en México y que justifica, dentro de una narrativa bélica, cuándo es legítimo arrebatar la vida.

La paradoja del fundador institucional

De tal suerte, que su planteamiento no es por una revisión general de los derechos, o de la justicia, sino una estrategia cortoplacista que Benjamin sintetiza en una frase: “moverse entre las cosas”. De esta forma, no se señala el agotamiento histórico de paradigmas autoritarios como el de la democracia representativa, sino que se asegura su prolongación pero con “un cambio de actitud”[9].

Finalmente, concluye Walter Benjamin, todo contrato se basa en la advertencia de una violencia posible. Así, con violencia triunfal se combatirá cualquier estallido de violencia ilegítima que intente desestabilizar al nuevo poder. La paradoja que esto envuelve es que el discurso “Bronco” ya comienza a desvanecerse frente a las prácticas y decisiones que anteceden a la administración de Jaime Rodríguez. Tales como considerar a sus amigos y financiadores para integrar su gabinete, matizar su promesa de denunciar penalmente al gobierno saliente por el delito de peculado, viajar a Colombia en el jet privado del poderoso constructor Fernando Maiz[10], y pedir apoyos federales al Presidente Peña Nieto para llevar a cabo el controvertido acueducto Monterrey VI, que pretende bombear agua del río Pánuco a Nuevo León  y que, durante su campaña, prometió cancelar[11]. Esto, por no hablar de su última declaración sobre la posibilidad de contender en el 2018 por la Presidencia del país, siendo que en el documental que hemos venido refiriendo se expresó así del chapulineo: “esas son ganas de joder, no de crecer[12]”.

Conclusión

Sostengo que el triunfo de El Bronco sólo pudo conseguirse en el ambiente criminal que domina sobre el territorio nacional, el cual aunque desastroso, sigue sin ser reconocido por los gobiernos como un estado de excepción. Durante esta guerra, cuyo comienzo podemos datar en el 2007, el uso de la violencia sobre vida y muerte representó, más que cualquier otra práctica, al derecho dominante. De esta forma, los mexicanos sabemos que nuestra vida está condicionada por los intereses que al poder establecido (criminal y constitucional) convengan. En este panorama la defensa propia emerge como la única posibilidad de salvación.

En Nuevo León, en donde la guerra se dejó sentir con todo su peso desde el 2009 y la precarización de la vida se sigue acumulando entre las mayorías, la idea de un levantamiento armado popular no encontró eco. Mientras que en Michoacán la llamada fue a afrontar con armas la ausencia del Estado, en el imaginario industrial no es la maquinaria o la estructura la que falla, sino los individuos: “la fórmula para vencer la violencia y la maldad no son las armas, es el corazón[13]”.

Cuando los individuos se autorizan el uso de la violencia por cuenta propia se pone en peligro el orden legal establecido. Este es el escenario revolucionario, con potencial de fundar un nuevo Derecho. A esto teme el Estado y es lo que Jaime Rodríguez evitó en su discurso. Hoy el movimiento de las autodefensas michoacanas está desmantelado, con sus líderes presos, mientras que El Bronco es gobernador electo.

Interesa saber cómo acomodarán la paradoja  de la revolución institucional 2.0 los seguidores de El Bronco y los ciudadanos en general, una vez que el aludido quiebre de las instituciones justifique la existencia de un gobierno autoritario. Muchos ya se declaran burlados, pero todavía no se dicen violentados.  ¿Cómo podrá sostenerse fundador instituido? Según sostiene Benjamin, esto sólo podría conseguirse por la vía de la represión. Ojalá que el pueblo de Nuevo León solucione la paradoja de una forma hasta hoy insospechada.  

 

Referencias

Benjamin, Walter. (2001 [1921]) Para una crítica de la violencia y otros ensayos. Editorial Taurus. España.

De la Fuente D. “Si quieren seguir así es su problema” en El Norte, 2 de Junio de 2015.

Julián Bojórquez (2014) “Jaime Rodríguez: un bronco sin miedo, la película”, productor general Guillermo Rentería. Sin dato sobre estudio o productora.

[1] En “Jaime Rodríguez, Un Bronco sin miedo, la película” (2014).

[2] El Norte, Daniel de la Fuente.

[4] Quien recibe el crédito de asesor en la película de Jaime Rodríguez.

[5] En “Jaime Rodríguez, Un Bronco sin miedo, la película” (2014).

[6] Ibíd. 

[7] Ibíd.

[8] Ibíd.

[9] Ibíd.

[11] "Yo le dije (a Peña) que en Nuevo León no tenemos ahorita dinero para el tema de Monterrey VI", reiteró. "Él me dijo que hiciéramos un replanteamiento para ver cómo la Federación pudiera en cierta medida considerar las cosas financieramente" (tomado de la nota “Pide Peña replantear el Monterrey VI” publicado en El Norte el 30 de Julio de 2015.

[12] Ibíd.

[13] Ibíd.

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Jesús Ibarra Salazar

¡¡¡Magnífico ensayo!!!