"Recordar que la autonomía indígena no es una aspiración futura, sino una práctica histórica": Claudia Ignacio

El presente texto se enmarca en mis observaciones y notas de campo como parte de la Clínica Jurídica de Pueblos Indígenas, integrada por personas abogadas, defensoras comunitarias y académicas. En 2024, una representación acudimos a la comunidad de Eloxochitlán de Flores Magón para pisar la parte habitada por personas de su territorio, conocer el río y platicar con mujeres, personas jóvenes, niñas y niños. Nos hablaron de su forma de vida y de los retos enfrentados por un proceso de criminalización que detuvo el proceso comunitario de organización autonómica a través de la Asamblea.

Taller de gráfica comunitaria

Caminamos brecha arriba sobre tierra mojada, las personas conocen bien por donde hay que pisar para no resbalarse. Estamos en un barrio combativo, construido hace años pensando en la colectivización de las tierras y su aprovechamiento familiar. Nos reciben mujeres en el fogón, estaban echando tortilla. En la pared donde se encuentra el apagador de luz que ilumina el cuarto rectangular, hay una bolsa para el mandado, un suéter, unas bolitas para sujetar el pelo y un letrero rectangular colgado en el que se lee: Justicia. 

El libro Mujeres mazatecas por la libertad. Gráfica de una lucha colectiva sin fronteras invita a mirar a Eloxochitlán y su historia desde la perspectiva de las mujeres que enfrentan los riesgos e impactos de lo que la versión oficial llama 'conflicto' al referirse a la imposición de un modelo político electoral, son las mujeres que conocen todos los expedientes judiciales de presos y perseguidos políticos, que conformaron una guardia comunal como medio de autodefensa, que sostienen al fuego que calienta sus hogares y alimentos.

Libro Mujeres mazatecas por la libertad
La publicación está disponible para descarga gratuita.

Producir conocimiento y memoria es algo que las mujeres mazatecas aprendieron de sus ancestras, colocarlo en una obra como la que presentamos hoy es resultado de la acción organizada de las autoras, talleristas expositoras y artistas, para potenciar la palabra y sentir común.

Autonomía comunitaria y organización propia

La gente se reúne en Eloxochitlán para hablar de las acciones emprendidas en tiempos del gobierno comunal.  Se reúnen en las casas, en las calles, en las parcelas, frente al río, en la techumbre. Se trata de rememorar pero también de involucrar a través de la emoción, sí la digna rabia pero también el amor por el territorio. La Asamblea es ese espacio formal de toma de decisiones que se vio profundamente herido después de la criminalización. Sin embargo las prácticas persistieron, nos comparten sus espacios de reunión para que podamos escuchar el rumor del agua y de la memoria.

Uno de los aportes más importantes del libro es recordar que la autonomía indígena no es una aspiración futura, sino una práctica histórica. La comunidad posee formas propias de gobierno que existen desde antes del Estado mexicano.

Por ello, cuando el libro habla de defender la Asamblea, habla de proteger el derecho de los pueblos a decidir sobre su propio destino. Ese es el principio que está reconocido en el artículo 2° constitucional y en instrumentos internacionales sobre derechos de los pueblos indígenas.

Criminalización y acceso a la justicia

Las miradas de las mujeres se apagan un poco por el cansancio, por las implicaciones de vida que implica sostener procesos de defensa legal que acumula sentencias con resoluciones a favor, sin que una acción de fondo ponga fin a la persecución política de comuneras y comuneros, de la niñas y los niños que han crecido dignos en la lucha aunque tengan que jugar a protegerse de la amenaza. 

Terminamos la reunión y salimos a un sol cubierto de lluvia para observar en la calle que esta abajo una camioneta de lujo que se arranca a toda velocidad al vernos. -Es el cacique-, nos comparten las mujeres, -debe saber que están aquí-. Es inevitable contrastar la dinámica de compartición campesina que acabamos de vivir y la lejanía de ese poder que vigila y persigue. Esa es la amenaza.

El libro convierte experiencias como las que narro en evidencias de un problema estructural: el acceso desigual a la justicia para los pueblos indígenas. No basta con reconocer derechos en la Constitución si las instituciones encargadas de aplicarlos reproducen discriminación. Las mujeres mazatecas marchan, gritan, narran cómo el proceso judicial se convierte en otra forma de violencia. Mientras sus familiares permanecen encarcelados o perseguidos, ellas sostienen económicamente a las familias, acompañan procesos legales y mantienen viva la organización comunitaria. 

Defensa del territorio como defensa de la vida

El agua se escucha correr en distintos puntos y desde el lugar de reuniones comunitarias se observa un árbol majestuoso alzarse en la cumbre de la montaña. Las milpas conviven con las casas y también funcionan como linderos entre lo humano y lo que ahora llamamos medioambiente. En Eloxochitlán cuesta definir las fronteras que dividen porque la vida es colectiva, están juntas la emoción y la razón, también la naturaleza y la sociedad. Actoras y actores que juntas enseñan y claman justicia.

La obra que hoy presentamos rompe con la visión occidental del territorio. El río integra la comunidad. Por eso, la extracción de piedra y arena además de un daño ambiental representa la ruptura del tejido comunitario. Desde la perspectiva de Eloxochitlán, la libre determinación implica decidir cómo cuidar los bienes comunes y preservar formas ancestrales de vida.

La gráfica como herramienta de resistencia

De la digna rabia surge la gráfica de las mujeres que comparten en su lengua su memoria y experiencias a través del arte comunitario del grabado y el bordado. El arte trasciende la expresión estética para transformarse en archivo histórico; herramienta pedagógica; denuncia pública; estrategia política.

Cuando las instituciones no escuchan, las imágenes hablan. Los grabados dan testimonio de lo que se diluye en las muchas palabras de los expedientes judiciales: la mirada intercultural, la defensa construida desde el territorio, la formación jurídica para resistir ante la injusticia.

Conclusión

De la Universidad al Pueblo y del Pueblo a la Universidad, es la frase que usamos para conmemorar el cierre de nuestra segunda generación [el caso de Eloxochitlán formó parte de los procesos con los que la Clínica colaboró en su 1era edición]. Este libro dialoga directamente con el trabajo de la Clínica Jurídica de Pueblos Indígenas de la UNAM porque comparte una idea fundamental: la defensa jurídica debe construirse junto con las comunidades y no únicamente desde los tribunales. Ello para fortalecer el acceso a la justicia, la libre determinación, la autonomía y la protección a personas defensoras. 

No se trata solamente de ganar litigios. Se trata de entender que el derecho debe dialogar con la historia, la lengua, la cultura y las formas propias de organización de los pueblos indígenas. 

Esperamos que esta obra mueva consciencias y sume voces por la justicia que protege los derechos colectivos de los pueblos. Que la palabra escrita y la gráfica construyan justicia preservando la memoria, defendiendo el territorio y fortaleciendo la organización comunitaria. 

Las mujeres mazatecas nos muestran que el arte puede convertirse en una forma de resistencia, de documentación y de exigencia de derechos. Su lucha también me interpela como defensora p’urhépecha: ¿Qué tipo de derecho requerimos construir?, ¿uno que criminalice a quienes defienden su territorio o uno que garantice plenamente la autonomía y la dignidad de los pueblos? ¿La dignidad de Eloxochitlán de Flores Magón? 

Es necesario colaborar, compartir saberes y memorias, reformular el derecho. Parafraseando con mucho respeto a las compañeras ¡Qué sea como debe ser!