Mujeres: las más relegadas de los apoyos de Conafor y Semarnat

Las mujeres tienen una participación cada vez más importante en el sector forestal asumiendo diferentes roles en el manejo y aprovechamiento de los bosques mexicanos, pero persisten desigualdades de género.

Mujeres: las más relegadas de los apoyos de Conafor y Semarnat

México es uno de los 10 países con mayor superficie de bosques primarios y su conservación se debe, en gran medida, a las personas que diariamente hacen un aprovechamiento sustentable de los ecosistemas forestales. Aunque esta tarea está tradicionalmente ligada a los hombres, cada día son más las mujeres que derriban obstáculos y se involucran en el sector forestal. En la serie “Las manos que cuidan los bosques”, de Evlyn.Online, te contamos sus historias que pudieron documentarse con datos gracias al trabajo de las autoridades y organizaciones de la sociedad civil que están trabajando por mejorar la transparencia de la información pública. A partir de los compromisos que se han generado del Índice de Transparencia de los Recursos Naturales las páginas oficiales incluyen bases de datos que permiten cotejar información recolectada en campo.

Parte II de la serie  “Las manos que cuidan los bosques”

A pesar de que las mujeres tienen una participación cada vez más importante en el sector forestal asumiendo diferentes roles en el manejo y aprovechamiento de los bosques mexicanos, persisten desigualdades de género que limitan su acceso a los apoyos económicos y de capacitación que otorga la Comisión Nacional Forestal (Conafor) y en las autorizaciones forestales que emite la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat).

Pinal de Amoles, Querétaro. En un polígono boscoso que se abre paso sobre la cima de la montaña que se extiende a lo largo de la Sierra Gorda, a 3 mil metros de altura sobre el nivel del mar, María Ana Olivia Aguas Gudiño, de 34 años, dirige el derribo de un árbol de pino de más de 50 metros de altura que caerá por la pendiente de un camino de terracería para luego ser arrastrado por un vehículo hasta el sitio de acopio.

La maniobra ocurre en uno de los predios forestales del ejido “La Barranca” que es aprovechado de manera sustentable a través de un permiso expedido por la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat).

Es un día de trabajo cotidiano. María Ana llegó aquí a las 6:30 de la mañana para coordinar al grupo de hombres que se encargan del derribo del arbolado mientras ella está pendiente de documentar la cantidad de madera que hoy se extraerá del bosque. Esta tarea la desarrolla junto a otras mujeres.

Hace unos años, esta mujer de tez morena, ojos expresivos, nariz redonda y labios gruesos, era una ama de casa dedicada exclusivamente al cuidado de sus hijos, pero recientemente, a su mamá la nombraron comisariada del ejido y le pidió ayuda para desempeñar funciones de secretaria.

“Yo era ama de casa, pero mi mamá tomó el cargo de comisariada del ejido y me pidió apoyo. Yo salí de mi casa al bosque y empecé como secretaria general del ejido. Mi trabajo era ayudarlos en la gestión de sus proyectos, llevarlos a firmar papeles, pero como no recibía un sueldo, tuve que aprender a documentar la madera. De allí fue que me hice documentadora”, dice en entrevista con Evlyn.Online

María Ana Olivia Aguas Gudiño, productora forestal

Aunque su rol más demandante es el de secretaria, María Ana no percibe un salario por ese trabajo. A ella solo le pagan como documentadora de la madera que produce el ejido.

“Muchos ejidatarios piensan que no es necesario (que reciba un salario por desempeñar labores de secretaria), piensan que es muy fácil manejar la documentación del ejido, gestionar, salir, pero realmente es muy complicado porque yo nada más terminé la secundaria. Yo sabía leer y escribir nada más, pero no sabía ni manejar un celular. Tuve que aprender a usar un celular, tomé un curso de computación para saber usar la computadora, he ido a cursos a Guadalajara de programas de manejo, de aprovechamiento, de administración de empresas a CECFOR, yo ahorita puedo hace todo ya”, agrega.

En los últimos 6 años, mujeres como María Ana han logrado imponer su presencia en toda la cadena de valor del sector forestal. Ellas están presentes en el cuidado, manejo, transformación, comercialización y certificación de materias primas forestales pero dinámicas sociales como el machismo, la doble jornada que implica el cuidado de los hijos o las resistencias que todavía persisten en los ejidos y les impiden escalar en la estructura de la toma de decisiones, limitan su potencial.

Además, las desigualdades estructurales como niveles mínimos de acceso a la educación, dificultades para acreditarse como dueñas de la tierra y obstáculos para darse de alta como personas morales ante la Secretaría de Hacienda y Crédito Público (SHCP) también limitan su pleno acceso a los apoyos de la Conafor y en las autorizaciones emitidas por la Semarnat.

Datos del Sistema Nacional de Información Forestal (SNIF) reportan que de los 173 millones 379 mil 870 pesos que destinó la Conafor en 2021 a impulsar proyectos productivos, las mujeres solo accedieron a entre 20 y 39 por ciento.

María Ana y su sobrina Anahí trabajan juntas en las faenas del bosque.

En tanto, la Dirección General de Gestión Forestal y de Suelos de la Semarnat reconoce en una tarjeta informativa solicitada por Evlyn.Online que, de los 13 mil 21 permisos de aprovechamiento forestal maderable vigentes solo 979, es decir 9 por ciento, han sido otorgados a mujeres.

Además, de los 2 mil 809 predios con autorización para aprovechamiento maderable que son apoyados por la Conafor solo 41, es decir el 1.4 por ciento, son manejados por mujeres.

“La participación de la mujer en el aprovechamiento maderable como titular de la autorización de aprovechamiento maderable es baja, no obstante, en los últimos años se ha abierto e incrementado la participación de las mujeres en las diversas actividades del sector forestal, tales como protección, reforestación, vigilancia, documentación para el transporte de materias primas, entre otros, incluso en la industria, sobre todo en ejidos y comunidades. En Reglas de Operación del Programa de Apoyos para el Desarrollo Forestal Sustentable se incentiva la participación de las mujeres a través de acciones afirmativas como cuotas de género y reservas rígidas de participación de las mujeres. En 2021, 35.27% de las personas físicas apoyadas fueron mujeres”, expone la Dirección General de Gestión Forestal y de Suelos de la Semarnat en una ficha informativa solicitada por Evlyn.Online

Desde 2017 se otorgan apoyos específicamente a grupos de mujeres de núcleos agrarios y empresas legalmente constituidas para ejecutar proyectos integrales que generen valor agregado a las materias primas forestales y recursos asociados al ecosistema forestal.

En el periodo 2017-2022 la Conafor apoyó 143 proyectos de mujeres organizadas en grupos de trabajo o empresas bajo el concepto Proyectos Productivos Integrales para Mujeres, con un monto de 138.3 millones de pesos en 23 entidades del país.

Las mujeres todavía tienen una participación limitada en el sector forestal.

Entre estos proyectos destacan los relacionados con la producción de madera aserrada, la elaboración de muebles de madera (de clima templado y tropical), artesanías de hoja de palma y pino, productos de fibra de lechuguilla (ixtle), carbón y briqueta; destilación de aceite esencial de pino y productos derivados de la transformación de plantas medicinales. Con estas actividades se genera un valor agregado a los productos que provienen de selvas y zonas áridas del país.

De acuerdo con datos del SNIF, en 2022 se apoya a más de mil 500 beneficiarias directas en 23 estados, algunas de ellas pertenecientes a 13 etnias originarias, empoderándolas en sus procesos y fortaleciendo su participación en la gobernanza de sus recursos, comunidades y territorios.

María Ana ha sido de las afortunadas en acceder a apoyos económicos y de capacitación de la Conafor a favor del ejido “La Barranca”, lo cual le ha redituado en un mejor entendimiento de los procesos del manejo forestal sustentable y una economía más organizada.

Sin embargo, lamenta que al interior de su propia comunidad la ataquen con comentarios machistas que intentan desacreditar su trabajo.

“Yo en mi caso entre más veo, más aprendo y más me emociona. Sí es complicado porque uno como mujer tiene doble responsabilidad, soy madre y tengo dos hijos. Además, aquí ya me casaron como cinco veces con otros señores, pero no es así. El hecho de que una mujer trabaje con hombres no significa que uno esté con ellos, es simplemente darse a respetar, pero eso mucha gente no lo entiende. La misma gente de mi comunidad dice que cómo es posible que una mujer que antes no la sacaban de su casa, ahora ande manejando una camioneta y administrando un ejido, dicen: ¡cómo!, pues no es ¡cómo!, son las ganas que uno le pone a lo que hace”, enfatiza.

Mientras María Ana sigue coordinando los cortes en el bosque, su sobrina Anahí le ayuda a documentar la madera. Lo hace con ayuda de un metro para medir el diámetro de los árboles derribados y luego llena un registro en el que se calcula el volumen en metros cúbicos de la producción maderable.

María Ana y Anahí comparten las tareas de embarque de madera.

Esa información es estratégica para formular las remisiones forestales, es decir, el documento que les permitirá sacar la madera del bosque y acreditar la legal procedencia.

A lo lejos, Agustina Martínez Ramírez, de 71 años, está ocupada recorriendo el terreno boscoso con un machete en mano para hacer lo que ella llama “limpia del monte”. Esta tarea consiste en ir trozando la madera y acumulando los residuos que quedan tras la poda.

Agustina fue la primera presidenta ejidal del ejido “La Barranca” en el periodo de 2015 a 2018 pero ahora se unió a los trabajos del nuevo comisariado y, aunque reconoce que su trabajo es cansado, ella lo disfruta.

“Descansamos una hora y luego ya le seguimos, nos comemos el lonche y a seguirle. A mí me gusta venir porque veo los árboles que se están moviendo, todos son frescos, el pino, el encino, todos me gustan. Cuando fui presidenta ejidal también nos decían muchas cosas los señores, algunos no querían que fuéramos nosotras las del comisariado, pero ya después tuvieron que aceptar, lo más difícil era que no sabía uno hacer los papeles que hay que llevar a Conafor”, comparte Agustina en entrevista con Evlyn.Online

Mientras continúan los trabajos de aprovechamiento del bosque, en los senderos de terracería se marcan cada vez más las huellas de unos pies de mujeres fuertes curtidos por las jornadas de todos los días que les demandan energía, fuerza y carácter para continuar fomentando el manejo sustentable de los recursos forestales.

Agustina Martínez Ramírez fue la primera presidenta ejidal del ejido “La Barranca”.

Gestoras: aliadas de los ejidos y comunidades forestales

El día que María Luisa Soto Moreno, mejor conocida como “Chea” entre los que la conocen, se graduó de la secundaria como técnica en contaduría, jamás se imaginó que los siguientes 33 años los dedicaría a servir como gestora de los ejidos y comunidades forestales para realizar trámites ante la Comisión Nacional Forestal (Conafor) y la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat) y ayudarles bajar recursos gubernamentales para expandir el aprovechamiento de los bosques.

Apenas terminó la secundaria, entró a trabajar en la Unidad de Conservación y Desarrollo Forestal Integral Topia S.C. que presta servicios forestales a 40 ejidos de cinco municipios duranguenses.

“Yo trabajo aquí desde que salí de la escuela, hace 33 años, y yo aquí me encargo de la gestión ante Semarnat y Conafor de los programas de manejo para los ejidos, atiendo a las mesas directivas y a las reuniones de los ejidos. En las reuniones de Conafor y Semarnat aprendí cómo gestionar recursos para la capacitación y desde que está Conafor hemos bajado recursos”, cuenta orgullosa en entrevista con Evlyn.Online

A lo largo de 33 años de trabajo en el sector forestal, “Chea” ha podido capacitar a otras mujeres para empoderarlas en su rol de empresarias como diseñadoras de artesanías a partir de la transformación de materias primas forestales.

Ella también ha sido testigo del papel preponderante que tienen las mujeres en las mesas directivas de los ejidos.

“Antes pocas mujeres tenían acceso a la educación y ahora ya salen más, ya se preparan más, eso lo hemos vivido en esto 33 años de mujeres que salieron del rancho y ya son ingenieras, licenciadas, químicas y cuando regresan, ya tienen otra idea. El empoderamiento de la mujer ahí va. Si vamos a reforestar, las mujeres participan. Si vamos a hacer limpieza, las mujeres participan, ellas sí se involucran en actividades de campo, ellas ya están también en los aserraderos. Ahorita todos los ejidos tienen mujeres en la administración de sus mesas directivas”, explica.

Su trabajo como gestora de los ejidos y comunidades forestales le ha permitido a “Chea” ser una voz representativa de las mujeres en convenciones internacionales del Consejo de Administración Forestal (FSC por sus siglas en inglés), una organización civil que acredita el manejo sustentable de los bosques.

Alina Liviet Santiago Jiménez de 43 años y originaria de Ixtlán de Juárez, Oaxaca, también se desempeña como gestora de apoyos para ejidos y comunidades forestales, además, les ayuda a mantener la certificación del FSC para garantizar que sus productos están hechos a partir de bosque que son aprovechados de manera sustentable.

“A muchas mujeres nos pasa que no queremos decidir entre el trabajo y la familia, pero yo sí he avanzado más en la certificación porque ahorita yo tengo el cargo de vicepresidenta del Comité Permanente de Pueblos Indígenas en el FSC, ese cargo es por 2 años y yo quiero seguir en eso. Precisamente presenté una iniciativa para reforzar una reglamentación de FSC para incorporar en la parte de servicios ecosistémicos del FSC, la cultura, las tradiciones de los pueblos indígenas”, afirma.

En opinión de Alina, lo que más dificulta a las mujeres acceder a un apoyo de la Conafor o a un permiso de la Semarnat, es el cumplimiento de los trámites fiscales.

“Te piden que te des de alta en Hacienda, que tengas RFC y al estar en el SAT tienes que presentar tus declaraciones. Aquí los comuneros y comuneras son dueños de las empresas, pero cuando entran a un proceso empresarial, pasan de comuneros a empresarios y si estaban registrados ante el SAT, al ser socios de una empresa ya los toman como empresarios y ya tienes que llevar un contador y se complica mucho más”, reflexiona.

En la comunidad de Ixtlán, dice, las mujeres no tienen una participación directa en el aprovechamiento del bosque porque esos trabajos son tradicionalmente desempeñados por hombres, pero ellas sí tienen un rol muy activo en la administración de las tiendas de muebles que oferta el ejido.

“Al bosque, acá las mujeres no van. Prácticamente al corte de árboles o al aprovechamiento, ellas no van porque es algo demasiado peligroso y los hombres son los que se van al monte, pero en la parte estratégica, en la parte de muebles hay muchas mujeres. El horario también es complicado porque está la parte de los hijos, eso es algo que en todos lados siempre ha sido una limitante para las mujeres y esa ha sido la mayor complicación”, agrega Alina.

En el municipio de Amealco, Querétaro, Alejandra García también se desempeña como gestora de apoyos forestales en especie para reforestar el bosque. Su trabajo consiste en buscar donadores de árboles para plantarnos en lo que en su comunidad se conoce como el Cerro de la Cruz y Cerro del Sapo.

Su iniciativa de reforestación surgió luego de que un incendio forestal arrasó en 2019 con los árboles de los cerros que constituyen el principal atractivo turístico de la región.

“Este año plantamos 16 mil árboles y lo que yo quiero es recuperar el ecosistema natural de mi bosque ¿cómo pretendo yo recuperar el ecosistema de mi bosque?, sembrando mis semillas nativas de aquí como el encino, el roble, el palo negro, el madroño, fresnos. Es una actividad donde participan también dos de mis hermanas, mi mamá, tías que no viven aquí pero cuando vienen nos ayudan a reforestar, a regar o a deshierbar, pero ya en total somos unas 12 mujeres, pero también se unen familias completas, hombres y niños y nos vamos al cerro a reforestar”, explica Alejandra.

Las mujeres como gestoras en el sector forestal no solo contribuyen a mejorar la economía de los ejidos y comunidades forestales, también en las actividades de regeneración del bosque.

 

Este articulo fue publicado originalmente en Evlyn.Online.