Las ingenieras solares
Una transición justa exige pensarse e implementarse desde una perspectiva de género y una mirada interseccional. Las mujeres, especialmente en contextos rurales e indígenas, han desempeñado un papel central en la gestión de recursos energéticos cotidianos, pero su participación en la toma de decisiones sobre los sistemas energéticos no ha sido una prioridad. Reconocer estas realidades, y su interrelación con las desigualdades estructurales de clase, etnia y edad, resulta fundamental para evitar que la transición reproduzca las exclusiones del pasado y del presente.
Las perspectivas de justicia, género e interseccionalidad plantean una mirada crítica a los discursos y acciones
dominantes y, en su lugar, proponen medidas transformadoras. No basta con cambiar las fuentes de energía si se mantienen intactas las estructuras políticas, económicas y culturales que reproducen la desigualdad, la discriminación y la exclusión. Una transición energética justa requiere repensar las formas de producir y consumir, así como las relaciones con la naturaleza y entre las personas.
Se trata de imaginar y construir un futuro donde la energía no sea un bien de mercado, sino un derecho ligado a la dignidad, la igualdad y el cuidado de la vida. Es en ese horizonte donde se enlazan las luchas feministas, ambientales y comunitarias.